El barrio de Barracas en Buenos Aires debe su denominación a las construcciones rudimentarias de madera y paja llamadas “barracas” que comenzaron a instalarse a fines del siglo XVIII en la orilla izquierda del Riachuelo.
Las Primeras Barracas
Estas estructuras eran construcciones precarias y rudimentarias que servían múltiples propósitos durante la época colonial. Las barracas funcionaban principalmente como:
- Depósitos y almacenes para guardar cueros, lana, cebo, carne salada y otros productos del país que debían embarcarse en el Riachuelo
- Refugio para trabajadores del puerto y comerciantes que transitaban por la zona
- Almacenes de mercaderías recibidas del extranjero
- Según algunos historiadores, también como primer lugar donde desembarcaban los esclavos llegados al Río de la Plata
Ubicación y Contexto Histórico
Las barracas se establecieron en una zona estratégica entre las actuales barrancas del Parque Lezama y la Vuelta de Rocha, en lo que entonces era conocido como el Camino Real al Sud. Esta área no estaba habitada y se caracterizaba por su importancia comercial debido a la proximidad del puerto y la presencia de un Arsenal de Marina para evitar invasiones extranjeras.
En algunos planos del siglo XVIII de Buenos Aires, esta zona aparecía con la inscripción “Las barracas y tierras de doña María Burzaco”, lo que evidencia la temprana asociación del área con estas construcciones.
Evolución del Término
Con el tiempo, las barracas comenzaron a ser ocupadas por comerciantes de esclavos y posteriormente por familias de clase alta, que construyeron lujosas casonas y quintas en la zona. El conjunto de todas estas construcciones era conocido como “las barracas”, y de ahí derivó el nombre que finalmente se aplicó a todo el barrio.
El 3 de diciembre de 1847 se creó oficialmente el barrio porteño de “Barracas”, consolidando así la denominación que había surgido naturalmente de la actividad comercial y las construcciones características de la zona durante el período colonial.
La denominación es particularmente significativa porque, a diferencia de otros barrios porteños, Barracas no debe su nombre a propietarios de tierras, parroquias o próceres, sino a la realidad funcional y arquitectónica específica del área, convirtiéndolo en uno de los casos más auténticos de nomenclatura urbana basada en la actividad económica originaria del lugar.